"Ya me imaginaba que un día tropezaría contigo. Y te esperaba con una impaciencia sin límites, sosegada. Devórame. Defórmame a imagen tuya para que nadie más, después de ti, comprenda ya en absoluto la razón de tanto deseo."

— Fragmento de Hiroshima mon amour, Marguerite Duras (via poesianoerestu)

(vía finaldeljuego)

 - Chiho Aoshima

(vía finaldeljuego)

"Te quiero yo y tu no a mí."

Rayuela (Cap VII)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Deseo

Ese lunar en tu cuello, donde focalizo mi mirada mientras siento tus suspiros en el mío. Y ese aliento que acaricia, que quema, que penetra, me invade el cuerpo entero. Lo siento a lo largo de la espalda, en la punta de los dedos, en el cuero cabelludo, en el clítoris, en la lengua. Pero tu boca sigue en mi cuello con todos sus respiros entrecortados, con su aroma a caramelo de uva.

Me hacen cosquillas tus dedos en la cintura, metiéndose por debajo de la remera, arremetiendo contra el borde del pantalón, tratando de llegar más abajo. Tus besos en el cuello se vuelven más fuertes.

Me incomodan. Las miradas de las personas que caminan alrededor nuestro y nos observan con deseo o con envidia me incomodan. Me incomodan, me avergüenzan, siento nervios, y me gusta.